El DRM o la crónica de un callejón sin salida

Vuelvo a actualizar mi blog, después de semanas sin hacerlo, ya que he estado completamente centrado en mi proyecto de ‘La Marca de Odín’. Hoy quiero hablar sobre un tema que siempre me ha preocupado y que no es otro que los llamados ‘gestores de derechos digitales’, más bien conocidos por sus siglas DRM.

Os acordáis cuando érais pequeños y vuestros padres os decían «no hagas esto» os faltaba tiempo para hacerlo. Pues así, de forma muy simplista, se podría resumir el efecto que tienen los sistemas anticopia o DRM en los usuarios.

Si ahora están más en boga los DRM es por la cada vez mayor popularización de los ebooks y otros contenidos digitales. Pero son ya viejos conocidos por los usuarios de videojuegos. Quién no recuerda los famosos sistemas anticopia de Securom, entre otros, que hacían de disfrutar de un videojuego, comprado legalmente, una auténtica pesadilla. Mientras nuestro vecino de al lado, que se lo había descargado gratis con su crack correspondiente, podía jugar sin problemas. ¿Al final cuál era la solución? Pedirle al vecino que nos pasara el crack para piratear el juego que nosotros sí habíamos pagado. Que conclusión sacamos todos, que los sistemas anticopia, no sólo no servían para cumplir su función, sino que potenciaban aún más el que la gente obtuviera los contenidos por medios alternativos y gratuitos.

A día de hoy, muchas empresas de videojuegos han encontrado la «solución» copiando el modelo de los juegos online. Es decir, obligar la conexión a Internet para poder jugar a juegos, aunque estos no sean exclusivamente online. Es un camino respetable ojo, pero que difícilmente ha sido entendido, sobre todo cuando ha supuesto la eliminación de características tan vitales como la de poder jugar en red en nuestra casa con nuestros amigos, utilizando varios ordenadores y una solia copia de un juego. Blizzard Entertainment levantó las iras de los jugadores por este motivo cuando lanzó Starcraft II por ejemplo.

Pero dejemos los videojuegos a un lado y centrémonos en el campo en el que más me estoy centrando actualmente: los libros. Son muchas las grandes editoriales que incluyen DRM en todos sus libros digitales o ebook. Estos, al igual que pasaba con los sistemas anticopia de los videojuegos, son sistemas engorrosos para el usuario. Pretenden obligar a los lectores a utilizar un único camino marcado por ellos y bajo sus normas. Oiga, está muy bien que usted quiera que vaya por la autovía, pero es que hoy quiero ir por esta ruta secundaria y admirar el paisaje… No, con el DRM no existe esta libertad. El DRM es la tiranía de las plataformas, de la obligatoriedad de usar X dispositivos sólo.

Esto para mí es un error de concepto gravísimo. Debemos olvidarnos ya de que vendemos soportes o plataformas, de si vendemos un CD o un DVD. Hoy en día, tanto la industria como los autores han de darse cuenta de que lo que vendemos son contenidos, y estos no deberían estar completamente determinados según el soporte en el que sean distribuidos. ¿Porqué debo volver a pagar por un ebook de un libro que ya he comprado en papel? Es un sin sentido, pero es algo tan generalizado que asusta ver como se ha hecho regla de lo ilógico.

El pretender pensar que si aplicamos sistemas restrictivos en nuestros contenidos, con la falsa creencia de que incrementaremos las ventas porque solo podrán obtenerlos con las reglas y sistemas que nosotros digamos, tan solo lleva al fin de la industria como tal.

Si yo creo un contenido digital con el que quiero ganar dinero, y este es descargado «alternativamente» (la mayoría pondría lo de ilegal) en vez de ser comprado, no pensáis que quizás la culpa no es de la gran masa social de usuarios, que está demostrando que tiene una demanda de mi contenido, sino de que no he sido capaz de ofrecerlo de una forma asequible, inmediata, que conecte con ella y le haga entender el porqué vale la pena pagar.

Y es que aquí entramos en un factor de culturización, pero sobre todo de cambiar el chip como autores. Las reglas del juego han cambiado. Los autores tenemos que estrujarnos el cerebro si queremos convencer, si queremos hacer que los usuarios quieran pagar por nuestras creaciones por que ellos quieran, no porque les digamos que si no pagan son unos ladrones y que vamos a intentar hacerles la vida imposible.

Creo que la industria y los autores deben reflexionar detenidamente sobre este tema y cambiar sus planteamientos, que están radicalmente opuestos a la realidad social y a la tecnología actual. Los nuevos cambios, los nuevos medios, están para ser aprovechados, no para verlos como el Gran Enemigo. Por mi parte, estoy intentando hablar con los hechos más que con las palabras. Prueba de ello es que mis ebooks no llevan DRM y todo el sistema que he creado con el modelo que he planteado para la saga de ‘La Marca de Odín‘. El objetivo es claro, dar suficientes alicientes e incentivos, unidos a unos contenidos de la mejor calidad posible para que, aunque un usuario descargue «alternativamente» mis creaciones, al final le apetezca pagar por ellas para apoyarlas y que sigan creciendo.

¿Y vosotros qué pensáis? Es el DRM el camino a seguir o estáis conmigo en que es un callejón sin salida?

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